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Iniciativas comunitarias en la lucha contra la deforestación en San Martín

La región San Martín, en el corazón de la Amazonía peruana, aún conserva gran parte de su riqueza natural. Según Global Forest Watch, en el año 2020 contaba con más de 3.5 millones de hectáreas de bosque, un 70% de su territorio. Pero esa cobertura se ha reducido: solo entre 2020 y 2024, se perdieron casi 30 mil hectáreas, liberando 16.9 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

En medio de este panorama, un grupo de hombres y mujeres del caserío Santa Elena, provincia de Rioja, emprendieron una misión: revivir el río Romero y salvar el bosque que lo rodea. Durante once años, limpiaron el cauce de árboles caídos y maleza, logrando que hoy el río sea navegable en casi 10 kilómetros y hogar de más de 300 especies de aves, monos en peligro de extinción, e incluso de un otorongo y una pantera.

En Moyobamba, el proyecto “El Gran Mirador de Juningue”, liderado por 25 ronderos, protege cascadas, aguas termales y orquídeas únicas, impulsando el ecoturismo comunitario como alternativa de desarrollo sostenible.

Asimismo, en el Bosque de Marona, al sur de Moyobamba, otros 25 ronderos solicitaron la protección de 419 hectáreas amenazadas por la expansión agrícola. Este espacio es ahora refugio de aves, plantas medicinales y árboles emblemáticos como la quina, además de ofrecer miradores y cuevas de interés turístico.

Santa Elena, Juningue y Marona son ejemplos de cómo la organización comunitaria puede frenar la deforestación y abrir oportunidades de desarrollo sostenible. En una región donde la tala ilegal y la ocupación de tierras siguen avanzando, estas historias demuestran que proteger el bosque es posible gracias al compromiso de su propia gente.